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Valoriza: transformar los residuos para construir ciudades más sostenibles
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Durante mucho tiempo, hablar de economía circular era hablar de reciclaje. Hoy esa visión resulta insuficiente. La sociedad genera cada vez más residuos, las ciudades afrontan nuevos retos ambientales y Europa exige avanzar hacia modelos capaces de aprovechar mejor los recursos y reducir al mínimo aquello que acaba en vertedero.
En este nuevo escenario, la gestión de residuos deja de ser únicamente un servicio público para convertirse en una infraestructura estratégica al servicio de la sostenibilidad. No se trata solo de recoger residuos, sino de transformarlos en nuevos recursos, producir energía, recuperar materiales y contribuir a la descarbonización de nuestras ciudades.
Ese es el modelo por el que apuesta Valoriza.
La compañía defiende una visión integral de la economía circular en la que cada residuo recibe el tratamiento más adecuado para aprovechar todo su potencial. El objetivo no es únicamente reciclar más, sino aprovechar mejor.
El recorrido comienza mucho antes de que los residuos lleguen a una planta de tratamiento. La separación en origen continúa siendo la herramienta más eficaz para recuperar materiales de calidad y facilitar su reincorporación a nuevos procesos productivos. Pero incluso haciendo las cosas bien, siempre existirá una fracción que ya no podrá reciclarse.
Es precisamente ahí donde la economía circular demuestra toda su madurez.
Durante años se ha planteado un debate entre reciclaje y valorización energética como si fueran modelos enfrentados. Sin embargo, la realidad demuestra que ambos forman parte de una misma estrategia. La valorización energética interviene únicamente cuando ya se han agotado las posibilidades de recuperación material, permitiendo transformar esa fracción no reciclable en energía y evitando que termine depositada en vertederos.
Reducir el vertido no es únicamente una exigencia normativa. Es una necesidad ambiental. Cada tonelada que consigue mantenerse dentro del ciclo productivo supone un ahorro de recursos naturales, una reducción de emisiones y una oportunidad para avanzar hacia un modelo más eficiente.
Esta forma de entender la gestión de residuos ya es una realidad en instalaciones como el Centro Integral de Valorización de Residuos del Maresme, gestionado por la UTE formada por Valoriza y Veolia. Allí conviven diferentes procesos —tratamiento mecánico-biológico, recuperación de materiales, biometanización, bioestabilización y valorización energética— que trabajan de forma coordinada para obtener el máximo aprovechamiento posible de cada tonelada gestionada.
Cada año, el centro trata más de 190.000 toneladas de residuos, demostrando que la economía circular no depende de una única tecnología, sino de la capacidad para integrar distintas soluciones dentro de un mismo modelo.
Pero las plantas también evolucionan. Hoy incorporan sistemas avanzados de control ambiental, tecnologías para incrementar la recuperación de materiales, proyectos para reutilizar agua regenerada en los procesos industriales y nuevas líneas de trabajo orientadas a aumentar la producción de biometano, reducir las emisiones de CO₂ y seguir disminuyendo el rechazo destinado a vertedero.
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Innovar ya no consiste únicamente en hacer las cosas más rápido. Consiste en hacerlas mejor.
La gestión de residuos vive una transformación comparable a la que en su día experimentaron otros sectores estratégicos. La digitalización, la inteligencia artificial, la automatización de procesos o la monitorización ambiental están permitiendo optimizar instalaciones cada vez más eficientes, sostenibles y preparadas para responder a las exigencias del futuro.
Porque el verdadero reto ya no es preguntarse qué hacemos con los residuos cuando llegan al final de su vida útil. La verdadera pregunta es cuántos recursos seguimos perdiendo cuando no somos capaces de recuperarlos.
Para Valoriza, esa reflexión resume el futuro de la economía circular. Un futuro en el que prevención, reutilización, reciclaje, tratamiento biológico y valorización energética dejan de competir entre sí para convertirse en piezas de un mismo modelo. Un modelo capaz de recuperar recursos, generar energía, reducir emisiones y contribuir a construir ciudades más sostenibles.
Porque el éxito de la economía circular no se medirá únicamente por la cantidad de residuos que reciclemos, sino por nuestra capacidad para no considerar ningún residuo como el final de un proceso, sino como el comienzo de una nueva oportunidad.












