
Montessori Conde de Orgaz
Montessori Conde de Orgaz
Educar para tomar el control de la propia vida
Fecha de publicación
Versión online o papel publicada por el medio en su página web o tirada nacional
La propuesta educativa de Montessori International School Conde de Orgaz parte de una reflexión profunda sobre el sentido último de la educación y su impacto en la vida adulta. Una reflexión que hunde sus raíces en la figura de María Montessori y que, según explica su director, Eduardo García, sigue siendo hoy más vigente que nunca en un contexto social y laboral marcado por la frustración profesional y la falta de realización personal.
María Montessori fue una mujer adelantada a su tiempo, capaz de moverse entre dos mundos aparentemente opuestos. Por un lado, trabajó durante años en barrios marginales de ciudades europeas, donde la pobreza, el hambre y la muerte formaban parte del día a día. Por otro, fue una figura habitual en los círculos de la alta sociedad: culta, apasionada y con una enorme capacidad de influencia. De ambas realidades extrajo una conclusión esencial que acabaría trasladando al ámbito pedagógico.
El control sobre la propia vida como punto de partida
Montessori llegó a la convicción de que las grandes diferencias entre las personas no se explican únicamente por el origen social, el género o las dificultades vividas, sino por el grado de control que cada individuo percibe sobre su propia vida. Eduardo García lo resume con claridad: “María Montessori llegó a la conclusión de que lo que marca la diferencia entre unas vidas y otras es el control sobre tu vida”.
Según esta visión, cuando una persona siente que tiene capacidad de decisión y control, se multiplican las situaciones deseadas frente a las no deseadas. Por el contrario, cuando ese control no existe, la vida se convierte en una sucesión de acontecimientos impuestos. Esta reflexión fue especialmente relevante cuando Montessori la aplicó al mundo de la infancia y de la escuela.
“No era un error enseñar matemáticas, lengua, historia o ciencias; el error era centrarse única y exclusivamente en eso y olvidar preparar a los niños para la vida que les esperaba”, señala García, en línea con el pensamiento original de la pedagoga italiana.
Un sistema educativo que no mira al individuo
Desde la perspectiva del Montessori International School Conde de Orgaz, una parte importante del sistema educativo actual sigue funcionando bajo esquemas estandarizados que ignoran la individualidad del alumno. Eduardo García es especialmente crítico con este enfoque: “Seguimos trabajando con los niños como si los colegios fueran megafactorías de ovejas, donde se les da a todos lo mismo y al mismo ritmo”.
El director lamenta que no se tengan en cuenta las peculiaridades de cada niño: su personalidad, sus cualidades, sus limitaciones o sus circunstancias personales. Las programaciones oficiales se aplican de forma homogénea y, años después, se decide si el alumno “sirve” o no para determinados itinerarios académicos o profesionales. En ese proceso, asegura, se pierden numerosos talentos.
Las consecuencias de este modelo se reflejan, según García, en una realidad laboral preocupante. “La realidad actual en España es terrible: menos de un tercio de los menores de 30 años trabaja en lo suyo; el resto está en paro o en empleos que no se parecen en nada a los que deseaban”, afirma. Una situación que condiciona décadas de vida profesional y personal.
Un planteamiento pedagógico a la inversa
Frente a este diagnóstico, Montessori International School Conde de Orgaz plantea un modelo pedagógico diseñado “a la inversa”. La pregunta clave no es solo qué contenidos exige la programación oficial, sino qué situaciones vitales y profesionales van a encontrar los alumnos a lo largo de su vida y para cuáles deben estar preparados.
“Nuestro planteamiento pedagógico parte de preguntarnos qué se van a encontrar en la vida y qué herramientas van a necesitar para afrontarla”, explica Eduardo García. A partir de ahí, el centro integra el currículo oficial con una formación mucho más amplia.
El colegio es un centro oficial que respeta las programaciones españolas, pero con un marcado carácter internacional. Dos tercios de la semana lectiva se imparten en inglés, con profesorado nativo, al considerar que es la única forma real de dominar el idioma a un nivel alto. El currículo es el oficial español, pero vehiculado mayoritariamente en inglés, una apuesta que busca mejorar de forma directa la empleabilidad futura del alumnado.
Además, se incorporan como asignaturas oficiales materias como inteligencia emocional, inteligencias múltiples, habilidades sociales, neurociencia, ajedrez, debate, cultura financiera, emprendimiento o educación emocional, todas ellas orientadas a desarrollar competencias clave para la vida adulta.
Cada niño como centro del aprendizaje
Más allá de los programas, Eduardo García insiste en que lo esencial es no perder la esencia del planteamiento pedagógico: el niño como individuo único. “Cada niño es único, maravillosamente único, y eso implica que es diferente a sus compañeros”, afirma. Por ello, las expectativas y los ritmos de aprendizaje deben adaptarse a las cualidades y limitaciones de cada alumno, evitando la estandarización.
El colegio concibe al niño como un ser emocional, que siente y padece, no como un mero receptor pasivo de contenidos. El control del estado anímico y emocional del alumno forma parte del trabajo diario del profesorado. Paralelamente, se trabaja de forma consciente la fortaleza mental y la autoestima.
“Solo se van a poder defender de un entorno difícil si se han criado con autoestima, sin compararse constantemente con los demás y centrándose en mejorar como personas y profesionales”, explica el director. El objetivo es formar adultos capaces de resistir la presión social, la envidia o la frustración, y de construir una vida coherente con sus valores.
Educar actitudes para una vida plena
El modelo educativo del Montessori International School Conde de Orgaz pone un énfasis especial en las actitudes personales y sociales que, según el centro, marcan la vida para bien o para mal. Alegría, optimismo, capacidad de esfuerzo, disciplina, empatía, responsabilidad, humildad, compromiso o capacidad de adaptación son valores que se trabajan de forma transversal.
La finalidad última es formar personas equilibradas, preparadas académicamente, pero también capaces de relacionarse, de tomar decisiones con criterio y de afrontar un entorno profesional y social complejo. Todo ello, sin renunciar al cumplimiento de las programaciones oficiales, pero ampliando el horizonte educativo hacia aquello que verdaderamente determina la calidad de una vida.














