“ Pellsa vuelve a nacer tras 42 años”

 

Arturo Llaneza

presidente del Grupo Pellsa

 

Aunque menciona ciertos golpes de suerte, Arturo Llaneza no resta un ápice de mérito al esfuerzo que hicieron su padre y sus tíos para poner en marcha y llevar al éxito al Grupo Pellsa, especializado en la fabricación de perfiles metálicos para placas de yeso laminado (PYL), que cuenta entre sus clientes a los tres principales productores a escala mundial.

Han cumplido 42 años, ¿cómo ha evolucionado el Grupo Pellsa desde 1977?

Todo empezó cuando mi padre y uno de sus hermanos, que se habían ido a trabajar a Madrid, decidieron regresar a su tierra, a Asturias, y montaron con otro hermano una empresa de perfiles metálicos de aislamiento para el sector de la construcción. Empezaron con recursos mínimos, y tuvieron golpes de suerte que acompañaron a mucho trabajo y mucho esfuerzo. Por ejemplo, de cara al mundial de fútbol de España en 1982, acababan de comprar una línea de chapa para hacer cubiertas metálicas y las normativas de la Fifa obligaron a cambiar las cubiertas de muchos estadios, que eran de uralita. En 1984 fundaron otra compañía para hacer cubiertas y fachadas con paneles sándwich, y también empezaron a hacer chapas y paneles metálicos para las cubiertas y los cerramientos, además de perfiles de aislamiento para placas de yeso laminado (PYL), lo que se conoce como pladur. Entre 1987 y 2000 fue la etapa de mayor crecimiento, con una expansión paralela a la que hubo en todo el país. A partir de 2000, vendieron una de las empresas a Aceralia (lo que hoy es Arcelor), y el grupo se centró en los perfiles metálicos, que son la piedra angular del proyecto, la que se ha mantenido desde los inicios.

 

¿Cómo sobrevivieron a la crisis?

La empresa siguió creciendo hasta la famosa crisis, que, cuando llegó en 2008, se sorteó bastante bien, y se siguió capeando hasta 2015, pero después de siete años empezamos a notar la fatiga, y en 2016 entramos en concurso. Eso genera ansiedad y agotamiento, pero también logramos sortearlo y en febrero de este año hemos logrado salir del concurso y estabilizar la compañía. Pero entre medias, el pasado noviembre falleció mi padre, uno de los fundadores y alma máter del proyecto. Es otro golpe que adelantó un cambio generacional para el que nos estábamos preparando. Uno de mis tíos había abandonado el negocio en 2007 y el otro fundador había fallecido en 1986. Así que me he quedado sólo al timón, pero con muchas ganas de seguir con el proyecto.

¿Cómo lograron salir del concurso?

Lo primero que hicimos fue fichar a un nuevo director general, Fernando Pérez Granero, especialmente para capitanear el concurso. Una gran parte de la salida del concurso se la debemos a él, porque ha dado serenidad y paz al grupo. En momentos turbulentos necesitas que socios, accionistas y empleados pongan de su parte, y una figura tan relevante como el director general es fundamental. Y lo ha hecho tan bien que, una vez que hemos salido de esa situación, queremos que se quede con nosotros, no queremos dejarle escapar.

 

Como nuevo presidente del Grupo Pellsa, ¿ha hecho ya algún cambio?

Llevo en la compañía desde 1995, y he pasado por diversos cargos. Como presidente llevo pocos meses y en un grupo tan antiguo no puedes cambiar todo de un día para otro. Además, si algo funciona, hay que intentar modernizarlo, darle el aire fresco adecuado, pero no cambiarlo,. Lo que tenemos que hacer es ir adaptándonos a los nuevos tiempos, automatizando, adoptando nuevas tecnologías, sistemas informáticos… Y hacer lo que la crisis y el concurso no nos dejaron, como una renovación de maquinaria. En cuanto al equipo que tenemos en las fábricas, es espectacular y no necesita cambios.

 

¿Qué clientes confían en ustedes?

Tenemos dos fábricas, una en Asturias y otra en Madrid, y un porcentaje muy alto de la producción está centrada en los perfiles que sirven de estructura para la placa de yeso laminado. Tenemos la suerte de trabajar para tres clientes, que son pocos pero son las tres mayores multinacionales del sector en todo el mundo: Etex, de Bélgica, que compró el área de yeso de Uralita; Placo, del grupo Saint-Gobain; y la alemana Knauf. Es raro trabajar para tres multinacionales que son competencia entre ellas y somos los únicos que tenemos a las tres como clientes; es producto del trabajo de muchos años. También tenemos una división de perfiles para estructuras de energía solar fotovoltaica desde 2010. Ahí tenemos muchos clientes, entre ellos el grupo Gestamp Solar (ahora X-Elio). Y estamos en otros sectores como el de las naves industriales y la logística.

¿Qué les diferencia de sus competidores?

Cada uno tenemos nuestro nicho, y respeto a todos. Como decía mi padre, hay que respetar más a los pequeños, porque de la necesidad surge el ingenio, y son los que quieren arañar parte de nuestro pastel, como es normal. Creo que las grandes multinacionales aprecian sobre todo nuestra forma de trabajar, la flexibilidad y una calidad excelente; de hecho, de los miles de millones de metros lineales que hemos fabricado en los últimos cinco años, las reclamaciones no llegan al 0,1%, son absolutamente irrelevantes. A esto se suma una gestión amable, muy cercana.

 

¿Qué planes tienen para seguir creciendo?

Tenemos que seguir creciendo poco a poco, con pasos muy acertados. Estamos muy centrados en un sector y en unos clientes, y seguiremos creciendo en nuevos mercados y con nuevos productos, por supuesto, pero siempre teniendo claro quiénes somos, adónde vamos y de dónde venimos. Algo que no habíamos abordado, porque hacíamos inversiones muy limitadas, es nuestra propia división de I+D para empezar a innovar, a diseñar, a hacer cosas nuevas. Donde ya tenemos proyectos más concretos es en la apertura de fábricas fuera de España. Llevamos muchos años en el mercado internacional y, cuando tienes presencia comercial, acaba siendo necesaria la presencia física para seguir creciendo y afianzando a tus clientes. Y nosotros estamos ya en ese punto de no retorno, en los próximos dos años queremos abrir una fábrica en Francia, y ya estamos pensando también en otros mercados, aunque sin ninguna decisión tomada.

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