Proyecto Vitápolis Toledo.

“El sénior cohousing responde a necesidades tanto funcionales como emocionales”

 

Mariano Vallejo

Cofundador de Romero Vallejo Arquitectos y coordinador general del Proyecto Vitápolis

 

Entre quedarse en casa, acudir a un centro de día o irse a vivir a una residencia, los mayores tenían pocas opciones hasta ahora. El Proyecto Vitápolis de Romero Vallejo Arquitectos propone el sénior cohousing, edificios de viviendas con servicios comunes adaptados a las necesidades de las personas mayores, que pueden vivir independientes en su propia casa.

¿Cuál es la trayectoria de Romero Vallejo Arquitectos?

Romero Vallejo es el estudio de arquitectura que fundé con Sara Romero en 2001. Siempre hemos tenido un especial interés por la apariencia de los edificios, por los acabados y por controlar los costes. Hemos desarrollado muchos proyectos residenciales y siempre hemos tenido un interés especial tanto en la configuración del programa del edificio como en el diseño de las zonas comunes, que hoy en día se dejan de lado, muchas veces por el coste del suelo, pero para nosotros son espacios que dan mucha calidad de vida a la comunidad. Nuestra actividad profesional nos ha llevado a convertirnos en un estudio multidisciplinar en el que también hay diseñadores, ingenieros, abogados y economistas.

 

¿Qué aportan esos perfiles?

En nuestra trayectoria nos hemos encontrado muchos problemas de construcción, económicos, legales… y muchas veces la propiedad se encontraba perdida y los teníamos que afrontar nosotros. Con los años, eso nos ha llevado a desarrollar una gestión integral de la obra, y cuando eres capaz de dar una respuesta a todas estas necesidades, el cliente optimiza su tiempo y nosotros podemos controlar mucho mejor todo el proyecto: costes, diseño, acabados, etc.

 

¿Cuándo decidieron abrir una línea de negocio enfocada a los mayores?

Hace diez años se puso en contacto con nosotros un colectivo que conocía nuestra trayectoria y quería hacer un proyecto singular, que consistía en viviendas que tenían que tener unos servicios comunes. Uno de nuestros primeros proyectos había sido algo similar, un cohousing para jóvenes, donde de hecho vivimos. Enseguida entendimos lo que nos pedían porque lo experimentábamos todos los días. Este colectivo era un grupo de amigos que querían irse a vivir juntos a un entorno que cubriera las necesidades de esa etapa de la vida en la que estaban entrando. De acuerdo con nuestra visión multidisciplinar, decidimos crear Vitápolis, que es un proyecto de gestión integral de colectivos, porque entendimos que no solamente había que resolver problemas legales y técnicos, sino que había un componente socioasistencial muy importante que nosotros, en los proyectos de arquitectura más convencionales, no estábamos acostumbrados a satisfacer.

¿Son viviendas específicas para mayores?

Son viviendas con zonas comunes donde se incorporan unos servicios socioasistenciales a la carta para los socios, no necesariamente gente mayor. Buscamos que tengan un carácter más intergeneracional, que no respondan a sectores cerrados de la sociedad. Por ejemplo, el proyecto que estamos acabando de construir está pensado para mayores de 50 años y personas con un grado de discapacidad superior al 33%.

 

¿Cómo ha evolucionado el concepto en estos diez años?

En España en la actualidad hay muchas iniciativas pero creo que muy pocas terminan de concretarse porque no hay un marco legal específico, tampoco hay unos profesionales que se dediquen de forma específica a asesorar a los colectivos, y les van surgiendo muchos problemas por el camino, ya sean financieros, de encaje legal… Cuando se ponen en contacto con nosotros, les guiamos en todo el proceso y les ayudamos a llegar al número de socios necesario para que sea rentable. Dependiendo de los costes que quieran asumir, tanto en la vivienda como en la comunidad, el número de socios va a condicionar los costes asociados. Para intentar que la cuota sea lo más justa posible, estos proyectos deben tener un mínimo de 35 o 40 apartamentos, para que las cuotas a largo plazo se puedan mantener lo más bajas y estables posibles.

Vivienda con imagen contemporánea, plenamente accesible.

Piscina en cubierta. Espacios atractivos para socios y familiares.

¿Cómo respeta el diseño la conjunción de independencia y atención?

A la misma altura que las necesidades funcionales, a las que puedes responder con baños accesibles, puertas anchas y espacios sin barreras arquitectónicas, están las necesidades emocionales. La gente joven tiene más capacidad de adaptarse a vivir en un nuevo sitio, pero a estas edades no tienen los mismos reflejos, tienen más miedo a meterse en proyectos y es fundamental la gestión emocional. Primero, creando espacios donde se genere un sistema de relaciones a pequeña escala para socializar, porque hay gente que pasa mucho tiempo sola en casa. Y segundo, por la apariencia, porque igual que a todos nos gusta estar guapos, nuestros clientes quieren vivir en un entorno atractivo, que puedan disfrutar, con un diseño funcional pero donde la apariencia acompañe.

 

¿Hay espacios también para hacer actividades?

El objetivo de las actividades que pueden realizar en estos espacios es prevenir enfermedades y mantenerse activos física y mentalmente. La filosofía consiste en que aparte de ser independientes, mantengan su calidad de vida el mayor tiempo posible. Hay gimnasio, salas de talleres, zona de restaurante y cafetería, biblioteca, zonas deportivas, piscina… Es muy importante que estos servicios tengan reflejo desde un principio en el proyecto, incluido su coste.

 

¿Qué lo diferencia de una residencia?

Son dos modelos completamente antagónicos. En el cohousing las personas viven en su casa, pueden entrar y salir cuando les apetezca y no hay horarios de visitas. La vivienda está adaptada, con una serie de dispositivos de emergencia para que puedan avisar si hay alguna incidencia, y están en un entorno donde la vida en comunidad hace que haya un contacto. Luego tienen una serie de servicios externos que se ofrecen a los socios que los demanden. Son servicios hechos a su medida y aprobados por ellos, unos básicos para todos y otros configurables. Y hay un sentimiento de seguir siendo independientes, de no convertirse en una carga para los hijos, y estar en un entorno estimulante. Una residencia se basa únicamente en dar respuesta a los problemas funcionales, y los problemas emocionales, que son fundamentales, no están resueltos.

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