“La vista cansada es la fase inicial del inevitable viaje hacia la catarata”

 

Dr. Mariano Royo

Oftalmólogo

 

¿Sabemos realmente en qué consisten y afectan las cataratas? Seguramente mucha gente tiene una imagen de esta degeneración ocular que no se corresponde con la realidad. Para arrojar algo de luz sobre el tema hablamos con el Dr. Mariano Royo, Jefe Servicio de Oftalmología Hospital San Rafael de Madrid y Director Médico del Instituto Oftalmológico de Madrid.

¿Cuál es el elemento clave de la catarata?

El cristalino, que no es otra cosa que una lente que tiene el ojo que nos permite enfocar las imágenes cercanas mientras tiene la flexibilidad suficiente para hacerlo.

 

Flexibilidad que va perdiendo…

Así es. El cristalino es una lente transparente de forma biconvexa que tiene una flexibilidad que, para que la gente lo entienda, hace que pueda actuar como una lupa fina para ver de lejos y como una lente gruesa para ver de cerca. Siempre pongo el ejemplo de la forma que adopta comparándolo con una lenteja o un garbanzo; la lenteja tiene una forma más fina semejante a la que adopta el cristalino para ver de lejos y más redonda para ver de cerca. Cuando el cristalino pierde esa flexibilidad aparece lo que conocemos como vista cansada.

 

Pero hablábamos de la catarata ¿Qué relación existe entre la vista cansada y la catarata?

Aunque la gente se sorprenda, la vista cansada es la fase inicial de la catarata. La evolución de la patología se inicia con la vista cansada a partir de cierta edad (generalmente, los 40 años) en la que el cristalino va perdiendo la capacidad para enfocar las imágenes cercanas; la catarata aparece cuando el cristalino deja de ser precisamente eso, cristalino, transparente.

 

¿Se puede prevenir?

No. Es un proceso inevitable por el que pasaremos todos, aunque es cierto que cada persona en un momento determinado. Como le decía, pasados los 40 años se va perdiendo esa capacidad de acomodación y aparece lo que llamamos vista cansada. En esa primera etapa del viaje hacia la catarata surgen las dioptrías de cerca. A partir de los 50 años, el cristalino se hace más denso, lo que provoca dos efectos: la pérdida de transparencia por una parte, y el aumento de la densidad, por otra. Además, en esta etapa, empiezan a salir dioptrías que teníamos “escondidas” desde la infancia o incluso desde el nacimiento. En esta segunda etapa del viaje hacia la catarata aparecen también las dioptrías de lejos.

 

¿A qué se refiere cuando habla de dioptrías escondidas?

A que el cristalino ha ido compensando los defectos de los ojos que teníamos desde el momento del nacimiento, porque hay que ser conscientes de que no existe el ojo perfecto. Por eso cuando el cristalino pierde propiedades se inicia ese viaje hacia la catarata.

Nos habíamos quedado en los 50 años…

A partir de los 60, los cambios en la densidad del cristalino provocan cambios cada vez más frecuentes en las dioptrías (que se suman o se restan a las que ya había). En esta tercera etapa podemos mejorar la visión cambiando la graduación de las gafas con cierta frecuencia. A los 70, la pérdida de transparencia del cristalino se va haciendo más evidente y esto provoca una pérdida de visión no recuperable cambiando la graduación. La única solución para estos casos es la cirugía.

 

¿En qué consiste la cirugía para el tratamiento de la catarata?

La cirugía de catarata (en fase quirúrgica) consiste en quitar el cristalino humano que se ha opacificado y sustituirlo por una lente intraocular idónea cuya transparencia durará toda la vida y que además, permite corregir dioptrías. Aunque, no es posible asegurar que el paciente tras la intervención pueda librarse de las gafas. Esa es la cirugía cuando la catarata ya se ha producido. Pero existe otra cirugía que hace posible adelantarnos a la evolución de la enfermedad: la cirugía refractiva de la catarata.

 

¿Qué diferencia hay?

Fundamentalmente, que se practica antes de que aparezca la opacificación suficiente para que el paciente no pueda ver lo necesario, como para poder realizar sus tareas cotidianas. Antes hablaba de la evolución de la vista cansada hacia la catarata. Es en esa fase cuando se realiza la cirugía refractiva que permite al paciente ver bien, evitar la aparición de la catarata y quitarse definitivamente las gafas tanto de lejos como de cerca.

 

¿Se evita la aparición de la catarata y se corrigen otros defectos?

Así es, ya que extraemos el cristalino que se ha convertido en una verdadera fábrica de dioptrías. La cirugía refractiva de la catarata permite evitar la patología y también corregir hipermetropía, astigmatismo y vista cansada. Y lo hace para siempre, porque al no haber cristalino no se generan nuevas dioptrías. 

 

¿Hay un perfil idóneo de paciente para este tipo de cirugía?

Hay que analizar cada caso, pero un buen perfil sería, por ejemplo, el de una persona de 50 años, con vista cansada e hipermetropía. Con una cirugía refractiva de la catarata corregiría sus defectos para siempre y volvería a ver bien sin gafas.

 

¿Los resultados son buenos?

Son muy buenos, pero siempre hay que saber encauzar y modular las expectativas de los pacientes para que, además de ver bien, les guste cómo ven. En la visión hay dos elementos fundamentales: el ojo, que actúa como receptor, y el cerebro, que procesa las imágenes y que tiene un factor psicológico que juega su papel. La gente debe saber que verá bien, pero no como cuando tenía 18 o 20 años.

 

¿Qué recomendaría a las personas que quieran informarse sobre la salud visual?

Mi recomendación fundamental es que se hagan revisiones visuales periódicas que permitan al profesional detectar posibles problemas. No hay que olvidar que la medicina preventiva es más barata que la curativa y permite disfrutar de una mayor calidad de vida. En el caso de la catarata, hay que desterrar los mitos que la rodean y contemplar la opción que nos ofrece la moderna cirugía refractiva de la catarata para tener una mejor calidad de visión durante más años.

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