Sociedad Española de Malherbología

11 Feb, 2019 | I+D+i, Investigación & Desarrollo enero 2019 ABC

Ejemplo de Gestión Integrada de malas hierbas, control mécanico entre líneas y acolchado con materiales opacos en la línea en tomate de industria.

“Trabajamos para buscar soluciones a los problemas que causan las malas hierbas”

 

Joaquín Aibar

Presidente de la Sociedad Española de Malherbología (SEMh).

 

Las malas hierbas ocasionan, en numerosas situaciones, un impacto incluso mayor en los cultivos que los insectos nocivos y los microorganismos patógenos. La buena noticia es que en España existen personas trabajando para resolver ese problema. Desde la Sociedad Española de Malherbología, numerosos profesionales investigan y proponen soluciones en temas relacionados con el control de las malezas, creando un foro en el que intercambiar conocimientos y promover acciones conjuntas.

Aclaremos el concepto, ¿Qué debe entenderse por malherbología?

La Malherbología es una ciencia aplicada dentro de la agronomía que incluye aspectos relativos a la biología y el control de las malas hierbas, es decir, aquellas plantas que crecen en un lugar y en un momento en los que no interesa que estén. Por ejemplo, en un aeropuerto, en los márgenes de una carretera y, por supuesto, en los cultivos: las denominadas plantas arvenses, malezas o  simplemente malas hierbas.

La Sociedad Española de Malherbología se fundó en 1989 para agrupar a compañeros que trabajaban por separado -pero coordinados- en este ámbito, con el objetivo de fomentar la investigación y la divulgación en torno a las malas hierbas, proponiendo soluciones a los problemas que ocasionan.

 

¿Cómo afectan las malas hierbas a los cultivos?

Las malas hierbas y la agricultura van unidas desde siempre. La mala hierba compite por agua, nutrientes y luz con el cultivo, lo que al final se traduce en pérdidas de cosecha causadas por esta  competencia. También pueden generar un déficit de calidad en el producto. Por ejemplo, si una finca dedicada al cultivo de trigo tiene una fuerte infestación de especies de malas hierbas, con un ciclo más largo que el cultivo, el grano cosechado puede tener mayor humedad y tiene más riesgo de deterioro.

 

Frente a ello, ¿Cuál es la solución?

Lo primero que hay que hacer es conocer al enemigo: saber qué especie de mala hierba es, estudiar su ciclo biológico, cómo se reproduce, la cantidad de semillas que produce, su latencia (tiempo que puede permanecer viable en suelo) en qué lugares del campo se concentran los rodales. Después hay que tomar decisiones de control.

 

¿Cuáles?

Existen diferentes actuaciones. Las de tipo preventivo, consisten en evitar que entren las semillas y propágulos (tubérculos y rizomas) de malas hierbas en los cultivos, utilizando material vegetal certificado exento de malas hierbas. En segundo lugar, hay que luchar con medidas o herramientas de tipo agronómico, como puede ser la rotación de cultivos, el retraso de la fecha de la siembra, el aumento de la dosis de siembra para competir contra la mala hierba…

Las malas hierbas producen enormes pérdidas de producción en los cultivos (Abutilon theophrasti en maíz).

Más métodos…

Existen también métodos de control físicos y mecánicos: fundamentalmente el laboreo, la escarda entre las líneas de cultivo y en las mismas líneas. Existen también alternativas al laboreo, como el uso de radiación infrarroja, que pasa por la entrelínea eliminando la mala hierba, así como métodos de acolchado plástico, papel u otros materiales. Y luego hay métodos de control químicos, que serían los herbicidas aplicados sobre toda la superficie o, como se propone en la actualidad, sólo sobre los rodales de malas hierbas (agricultura de precisión). Con los herbicidas se presentan dos problemas: por una parte, cada vez se cuenta  con menos porque muchos de ellos se han ido retirando del mercado debido a la legislación motivada por una concienciación social consecuencia del impacto ambiental; y, por otra, la aparición de resistencias a los herbicidas más usados. Y una cosa es consecuencia de la otra: como cada vez hay menos herbicidas, se suelen utilizar siempre los mismos y eso hace que en muchos casos sus moléculas ya no sean efectivas contra las malas hierbas.

También está el control biológico, que consiste, por ejemplo, en manejar el ganado con vistas a que se alimente de las malas hierbas y limpien en terreno, algo muy útil para mantener los cortafuegos y prevenir incendios forestales, o el empleo de otros organismos vivos (insectos) y micoherbicidas. Cada vez cobran más importancia los trabajos con sustancias alelopáticas, de origen natural, que pueden ayudar a controlar malas hierbas.

Todas las medidas contra las malas hierbas se realizan siempre intentando compatibilizar los intereses del agricultor con los intereses ambientales y económicos.

 

¿Qué impacto socioeconómico diría que tienen las malas hierbas?

Además del gasto en herbicidas, las pérdidas que ocasionan las malas hierbas están valoradas en numerosos artículos publicados. En países en vías de desarrollo, se calcula en torno a un 50% de pérdidas por especies arvenses. En España, el porcentaje de pérdidas es mucho menor, pero a costa de invertir en su control. El agricultor español tiene claro que las malas hierbas suponen una amenaza para sus cultivos. Y el problema es que cada vez vienen nuevas especies con origen en otros continentes, de cuya biología no sabemos nada ni conocemos cómo se comportan aquí. Por eso hay que seguir trabajando e investigando.

 

¿Cuáles son las principales líneas de investigación en malherbología?

Estas líneas coinciden con los Grupos de Trabajo de la SEMh. Por un lado es necesario conocer lo momentos de germinación de las malas hierbas, basados en datos meteorológicos, con el objeto de optimizar las acciones de control. También existe la necesidad de integrar nuevas tecnologías como la agricultura de precisión, reconocimiento de plantas a través de imágenes, etc., que faciliten  el control de estas especies, bien con medios mecánicos o bien manejando de forma más eficiente los herbicidas. La aparición de casos de malas hierbas resistentes a determinados herbicidas por un uso incorrecto de los mismos también es objeto de estudio. No hay que olvidar tampoco la continua aparición de nuevas especies que vienen de otros continentes cuyas características biológicas en nuestras condiciones apenas se conocen. Todas estas líneas tienen un nexo de unión: la Gestión Integrada de las malas hierbas.

 

¿Cómo trabajan desde la SEMh para seguir avanzando en la propuesta de soluciones?

Los socios de la SEMh ponemos cada dos años en común nuestros avances, ideas y conocimientos en nuestros eventos. El próximo congreso, lo celebraremos el mes de octubre de 2019 en Vigo. Este año pensamos organizar una Jornada Técnica al inicio del verano sobre cubiertas vegetales en cultivos leñosos y las reuniones habituales de los Grupos de Trabajo.

 

¿Cuáles son los retos de futuro?

Solucionar el problema de las resistencias y falta de moléculas herbicidas por las restricciones con los productos de control químico, que en la práctica son los más eficaces y tienen la mejor relación coste-beneficio, así como encontrar productos de origen natural que puedan utilizarse con cierto éxito contra las malas hierbas: encontrar la solución dentro del medio agrícola, que es lo que procura la alelopatía. La agricultura de precisión, y el uso de nuevos equipos  de control mecánico pueden suponer importantes mejoras en el control de las malas hierbas. Esto adquiere especial relevancia en el ámbito de la agricultura ecológica, donde no se utilizan fitosanitarios convencionales pero en cambio estos sí serían una solución para el sector. Por otra parte, desde la SEMh se va a seguir fomentando la investigación, el desarrollo, la divulgación y la enseñanza de cualquier aspecto relacionado con la malherbología.

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