“Tenemos un reto importante en transferir lo que hacemos a la sociedad”

 

Begoña García-Zapirain

Investigadora principal del equipo eVIDA

Ibon Oleagordia Ruiz y Amaia Méndez Zorrilla

Investigadores del equipo eVida

 

El equipo de investigación eVIDA nació en 2001 en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Deusto con el objetivo de aplicar la tecnología a la salud y a la calidad de vida de las personas con necesidades especiales. Un grupo pluridisciplinar, muy internacional y que en un día como hoy, dedicado a la mujer y la niña en la ciencia, presume de mayoría femenina y apuesta por mejorar los ratios de las mujeres en las disciplinas STEM.

¿Qué perfiles tiene el equipo del Grupo eVida?

Ibon Oleagordia: Tenemos perfiles multidisciplinares de ingenieros en especialidades relacionadas con las TIC. Nosotros somos profesores investigadores y después hay investigadores postdoctorales, doctorandos, becarios y personas contratadas. Además, trabajamos con médicos, psicólogos y personas de las asociaciones implicadas en los proyectos.

Begoña García-Zapirain: Es un equipo muy internacional, y somos más mujeres que hombres, en contra de las cifras globales. Nos gusta porque eso nos hace inspiradores y motivadores para muchas mujeres jóvenes y además estamos alineados con la plataforma multidisciplinar de género de la Universidad de Deusto. Incluso tenemos una doctoranda que está trabajando en su tesis sobre cómo crear herramientas y juegos que consigan que las niñas se mo-tiven por las STEM. Lo que tene-mos claro es que en la investiga-ción hay un elemento vocacional y es importante rodearse de gente que tenga esa misma vocación. Afortunadamente, en la sociedad española hay asociaciones, fundaciones e instituciones con gente muy dispuesta a cocrear y probar lo que les proponemos, y que creen que lo que hacemos en colaboración con ellos tendrá un impacto en su calidad de vida.

 

¿Por qué centran su trabajo en salud y calidad de vida?

B.G.-Z.: En ingeniería podemos elegir muchas áreas de trabajo, pero lo que nos motivaba como profesores universitarios era aplicar nuestros conocimientos en ámbitos que tuvieran un cierto impacto en las personas. Por eso trabajamos con personas con algún problema de salud o con alguna necesidad especial, como personas con diversidad funcional, mayores, etcétera.

 

¿Qué proyectos relevantes han puesto en marcha?

B.G.-Z.: En calidad de vida, una de nuestras líneas clave es el envejecimiento activo enmarcado en una plataforma multidisciplinar sobre envejecimiento activo que tenemos en la Universidad de Deusto. Trabajamos en soluciones tecnológicas que ayuden a las personas mayores a tener una vida lo más autónoma posible. Por ejemplo, participamos en un proyecto europeo, Sunfrail, que tenía que ver con modelos de evaluación, prevención e intervención de la fragilidad en personas mayores. Para que puedan vivir solas, nuestro objetivo era evaluar su nivel y tipo de “fragilidad” para poder personalizar la ayuda, y de ahí han surgido pequeñas aplicaciones tecnológicas. Entre ellas, me gustaría destacar el juego FRED, realizado en colaboración con Emankor y la fisioterapeuta Iranzu Mugueta, donde las personas mayores juegan de manera pautada durante 18 semanas y se ha comprobado que mejora notablemente su nivel de fragilidad.

Amaia Méndez: En septiembre pasado arrancamos un proyecto europeo que se llama DAPAS, financiado por el programa AAL (Ambient Assisted Living), junto con empresas y partners de cuatro países. Nuestra aportación se centra en aplicar toda nuestra experiencia y conocimiento previo en el desarrollo de juegos que se usan como terapia, para promocionar la autonomía personal, mejorar su calidad de vida y aumentar el tiempo que están viviendo de forma independiente y sin apoyos.

I.O.: También trabajamos en ViveWeb, un proyecto financiado por el Gobierno Vasco que quiere poner en contacto a las personas mayores para que compartan vivencias y se motiven e interactúen. Es una red social que hemos desarrollado en consorcio con la empresa Avalon y Fundación Miranda (centro de atención de personas mayores), y está adaptada para que sea plenamente accesible para personas poco habituadas a las nuevas tecnologías, salvando la brecha digital.

¿Y qué proyectos destacan en el ámbito de la salud?

B.G.-Z.: Tenemos varios proyectos en colaboración con hospitales y asociaciones. Por ejemplo, eBihotza, financiado por el Gobierno Vasco y realizado en consorcio con BioCruces y VirtualWare, es una herramienta tecnológica para tablet que intenta prevenir episodios de cardiopatías en pacientes crónicos o en riesgo. Incluye sensores para que el propio paciente se vaya midiendo periódicamente, y esos datos se monitorizan en tiempo real desde el hospital y generan alarmas. Lo que pretendemos es empoderar a las personas, que el paciente entienda lo que le pasa y tenga control sobre su vida. Conocer datos sobre los pacientes, por supuesto anonimizados, permite que apliquemos unos algoritmos matemáticos, que es uno de los fuertes de nuestro equipo, para poder hacer modelos predictivos y saber lo que le va a ocurrir a esa persona.

 

¿Cómo abordan la transferencia de sus proyectos al mercado?

B.G.-Z.: Desde las universidades tenemos un reto importante en conseguir una transferencia real de lo que hacemos a la sociedad. Nosotros tenemos nuestra propia estrategia. En el área de calidad de vida, a las asociaciones que nos permiten probar nuestras herramientas con sus pacientes les dejamos gratuitamente el desarrollo, y tenemos experiencias muy bonitas que reflejan la utilidad de lo que hacemos y el éxito de un modelo de cocreación y validación junto con los futuros usuarios.

A.M.: DAPAS es precisamente un proyecto de transferencia, en el que cada uno de los socios aporta sus desarrollos previos, y lo que intentamos es integrarlos para hacer un producto comercializable. Una de las directrices del propio programa europeo es que se desarrolle el plan de negocio con dos empresas, una vasca y otra austriaca, que son las que lo van a sacar al mercado.

B.G.-Z.: Existen en Europa convocatorias específicas en las que las universidades tenemos que ir de la mano de empresas con la garantía de que el resultado no tiene que ser sólo un piloto sino un producto. La tercera vía que estamos explorando es la de las patentes. Tenemos un ejemplo de una solicitud de patente en la que hemos ido de la mano de un equipo de Estados Unidos. Hubo un desarrollo nuestro, se combinó con uno suyo, y ellos lideran el proyecto porque allí son muy buenos sacando productos a partir de patentes y prototipos desarrollados en las universidades. Nosotros no somos buenos en eso, y hemos hecho esta alianza para conseguirlo.

 

¿Y han barajado la vía de un spin off?

B.G.-Z.: En la universidad de Deusto tenemos un vivero de empresas que nos permitiría crear una startup sobre un producto, pero nosotros preferimos un modelo en el que sea la empresa la que lidere el producto y se generen una serie de royalties que puedan ser reinvertidos en seguir con la investigación.

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