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Analistas
de Relaciones
Industriales, S.A.

 

Analistas de Relaciones Industriales, S.A.
Zurbano 26 bis - 28010 Madrid
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“No es posible llegar a ningún acuerdo negando al contrario”

Entrevista: Fabián Márquez Presidente de Analistas de Relaciones Industriales, S.A.

Analistas de Relaciones Industriales, S.A. fue constituida en el año 1977 por varios socios procedentes del campo del Derecho y la Economía dotados de una gran experiencia con trabajadores y empresarios, por lo que comprendieron que con el cambio de régimen se generaba un gran vacío, porque un sistema democrático de relaciones industriales exigía la autonomía colectiva de las organizaciones de trabajadores y empresarios, y ellos querían estar en ese proceso.

Ustedes son conocidos como asesores empresariales, se les asocia mucho más con el conflicto y el Convenio Colectivo que con la toga. ¿Es cierta esa percepción?

Ambas cosas son inseparables. Es verdad que asesoramos a la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) desde su fundación hasta hoy, y a otras muchas organizaciones empresariales de ámbito menor. Hemos participado durante más de 25 años en toda clase de negociaciones colectivas, en pactos con los sindicatos y con los gobiernos, en acuerdos globales, en acuerdos monográficos y en planes de reconversión sectorial. Y lo seguimos haciendo. Pero ello se complementa también con la defensa que hacemos de los intereses de nuestros clientes ante los tribunales de justicia. Ahora bien, en los grandes temas, el riesgo de fiarlo todo a la jurisdicción contenciosa, por ejemplo en un expediente de regulación de empleo (ERE), es tan elevado que siempre procuramos negociar y conciliar intereses.

En ese afán por conciliar, ¿no corren el riesgo de arrastrar por el suelo principios fundamentales aceptando costos excesivos, o diluir la solución que requiere la empresa más de lo conveniente?

Sin duda, el riesgo del “acuerdo por el acuerdo” en sí mismo existe, pero el único antídoto para evitarlo es la profesionalidad que nos da el oficio y el método. De todos modos, no es posible llegar a ningún acuerdo negando al contrario, su razón de ser, o rechazando mentalmente que ni por asomo haya en su planteamiento un ápice de verdad o de razonabilidad. Nosotros negociamos bien, conseguimos buenos acuerdos y obtenemos resultados útiles porque creemos que las sociedades democráticas modernas son producto de un lógico equilibrio.

Pero, en ocasiones, la patronal CEOE que usted asesora es tildada en los medios de reaccionaria o cavernícola. Usted no puede ignorarlo.

Claro, leo los periódicos. Pero esas acusaciones no corresponden a la verdad. Y los sindicatos lo saben y el Gobierno también. La dirección de CEOE ha sabido contribuir a la creación y consolidación del modelo de convivencia durante muchos años en diálogo y negociación con los sindicatos. Y, sin duda, el artífice de esa estrategia ha sido José Mª Cuevas. El balance es tan positivo que la CEOE puede resistir las críticas.

Pero ustedes han cerrado empresas y asesorado planes de reconversión industrial que han supuesto despidos, lo que pone de manifiesto que, en ocasiones, son la expresión más acabada de ese capitalismo feroz que usted parece no compartir.

No es así. Nosotros aceptamos que el poder empresarial esté sometido a límites. Pero la misión de las empresas es ganar dinero. A los trabajadores y a los sindicatos les interesan empresas que ganen dinero. Cuando ello no ocurre hay que adoptar las medidas necesarias para volver al camino de la rentabilidad. Y habitualmente las acciones a llevar a cabo no son sólo despedir. Las empresas que no sobreviven son el triste resultado de una suma de factores. Por el contrario, para superar una situación de crisis, con mucha frecuencia, además de reducir costos, y los despidos pretenden eso mismo, deberán llevarse a cabo reformas organizativas, inversiones en nuevas tecnologías, fusiones y concentraciones, es decir, configurar una unidad óptima de producción capaz de competir.

Deduzco de sus palabras que en muchas ocasiones los conocimientos jurídicos que sin duda ustedes poseen no sólo no son suficientes, sino que a veces están de más.

En absoluto. Es más, resulta un complemento imprescindible el conocimiento del Derecho, en su influencia tanto individual como colectiva. Pero como se desprende de su pregunta, es evidente que sin dominar los entresijos de la economía de las empresas, y sin conocer de alguna manera los principales datos macro y micro económicos, es muy difícil abordar una negociación.

Es evidente que el supuesto de la huelga pone de relieve hasta qué extremo un despacho profesional como el de ustedes tiene una tarea compleja que realizar, cuando no se limita a la mera asesoría legal, porque tanto aconsejar al empresariado como afrontar una huelga requiere saber muchas cosas, entre otras, cómo comunicar las razones empresariales al mundo exterior.

Cierto. Un experto en relaciones industriales debe saber hacerlo. Es decir, debe saber cómo y en qué condiciones y a través de qué medios las empresas deben comunicar en su interno y a la opinión pública las razones que justificarían no haber podido evitar la huelga o conflicto, con los perjuicios o sinsabores que ello puede producir a empleados, clientes y usuarios. Dominar las técnicas necesarias para abordar esta materia requiere un adecuado reciclaje o disponer en los despachos profesionales de especialistas en la materia que, como es lógico, proceden del campo de las Ciencias de la Información. A la postre, un despacho profesional a la altura del siglo XXI, dedicado a las relaciones industriales, que ha ofrecido a sus clientes servicios que exceden de lo puramente legal, no tiene más remedio que ser un despacho multidisciplinar. Nosotros lo somos. Aunque he de manifestar que el grueso de nuestra plantilla se encuentra integrada por licenciados en Derecho y abogados en ejercicio, nuestras necesidades interdisciplinarias solemos atenderlas con profesionales colaboradores.

Por último, algunos sostienen que la liberalización o desregulación que se trate de imponer desde el Imperio arrumbará a sindicatos y patronales y convertirá, por tanto, su oficio en innecesario.

No creo que eso vaya a ocurrir. Los ciudadanos requeriremos siempre la existencia de un Estado capaz de evitar que el fuerte se coma inevitablemente al débil sin remedio, previa quiebra absoluta de todos los valores en los que se fundamenta la convivencia. Y si el Estado es necesario, el Estado producirá normas, y normas mínimas de conducta ajustadas a lo que denominamos nosotros la legalidad. Y los trabajadores no van a renunciar a que una asociación llamada sindicato defienda colectivamente sus intereses, obteniendo en ese ámbito, el colectivo, el poder que individualmente ningún trabajador, salvo excepciones, puede alcanzar frente a aquél que le proporciona su empleo.

Pero es cierto que los sindicatos tenderán a defender mucho más los intereses generales, es decir, el marco en que los trabajadores encuentran satisfacción paulatina a la defensa de sus intereses, y no el interés específico de un trabajador o varios que, situados en una determinada correlación de fuerzas, pretenden obtener una elevación salarial y trabajar menos horas de trabajo sin importarles las consecuencias o los efectos que tal reivindicación suponga para su empresa, y para la flexibilidad que ésta necesita para competir en un mercado cada vez más amplio, duro y difícil. Y, por el contrario, las organizaciones empresariales, como ya le ocurre a la CEOE, trascenderán del discurso fácil que les llevaría a defender sólo el interés inmediato de los empresarios, para incluir en su acervo, como tales patronales, la defensa de los principios generales y del interés público, no sólo compatible con la función empresarial, sino necesarios para configurar un marco social en el que puedan proliferar empresas con capacidad para competir y ganar dinero. Para lograrlo es inevitable que las organizaciones empresariales sean algo más que meros grupos de presión.

 
 
   
 
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