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¿Cómo empezó su trayectoria
como auditor?
En 1984 obtuve el título de Censor Jurado de
Cuentas. Por aquel entonces, empecé compaginando
mi trabajo como auditor con el de Director Financiero
de una empresa hasta 1992, fecha en que decidí
dedicarme en exclusiva a la auditoría. Desde
entonces, comencé a desarrollar un despacho
propio con varios colaboradores, y en este momento,
somos un equipo de ocho personas con diferentes perfiles.
¿Qué servicios de auditoría
brindan en estos momentos?
Nuestra actividad se centra en la auditoría
contable para empresas y en las actuaciones judiciales.
¿A quienes dirige dichos servicios?
Básicamente a tres tipos de clientes:
- Empresas - pymes -, que alcanzan las condiciones
establecidas (los límites impuestos por la
Ley) para presentar sus cuentas auditadas.
- Empresas filiales de compañías extranjeras
que se instalan en España y que quieren que
sus cuentas sean auditadas.
- Cada vez más, empresas que, aunque no están
obligadas, desean que sus balances sean auditados
(para mayor tranquilidad de socios y administradores).
¿Cuáles son sus objetivos de
futuro?
Seguir avanzando en esta cada vez más exigente
profesión, pero que reporta grandes satisfacciones
profesionales. Para ello es imprescindible continuar
rodeándose de un buen equipo de personas bien
formadas y aprovechar, al máximo, las nuevas
tecnologías informáticas que están
a nuestro alcance.
¿Podría definir sus rasgos
más distintivos?
Al ser un equipo reducido, mantenemos un contacto
directo con nuestros clientes; hablamos de responsable
a responsable, sin distanciamiento, algo que agradecen
mucho las pymes.
¿En qué consiste una “buena
auditoría” ¿Tan temidas son para
las empresas?
Hay que tener en cuenta que una auditoría no
sólo persigue obtener una evidencia de que
las cuentas de la Empresa reflejan su imagen fiel.
También consiste en detectar los puntos débiles
que se ponen de manifiesto en sus controles de gestión,
y en la identificación de aquellos riesgos
potenciales que no tienen reflejo en sus balances,
pero que pueden comprometer el futuro de la Compañía.
Estos últimos aspectos son especialmente importantes
en las pymes ya que estas empresas no suelen contar
en sus plantillas con especialistas que los puedan
detectar fácilmente (pensemos por ejemplo en
una correcta cobertura de sus seguros, una adecuada
gestión de copias de seguridad de los sistemas
informáticos, etc.).
Una buena auditoría por tanto, es aquella que
además de seguir los procedimientos técnicos
establecidos para su ejecución, sepa poner
de manifiesto los riesgos indicados para que el empresario
pueda adoptar las soluciones adecuadas.
Respecto a la segunda parte de la pregunta, y en la
línea de los indicado anteriormente, cabe decir
que si bien en un principio, a veces el empresario
se encuentra un poco reticente al comienzo de la auditoría
cuando la desconoce, no tarda en valorarla de forma
positiva, porque descubre que ésta, le puede
reportar un valor añadido. Por un lado porque
le da tranquilidad saber que sus cuentas estén
bien formuladas, y por otro, porque le permite detectar
los puntos débiles de su gestión y los
riesgos potenciales que amenazan a su empresa y que
en muchos casos desconocía. En este sentido,
es como si hubiera un antes y un después.
¿Cómo catalogaría la
situación de su sector?
Nuestro sector está viviendo una cierta “revolución”.
Como consecuencia de las incidencias ocurridas con
algunos grandes conglomerados de empresas, se están
elaborando normativas que tratan de solucionar este
tipo de problemas, pero creo que debería existir
una diferenciación según el tamaño
de las empresas a la hora de legislar. No tienen nada
que ver los procedimientos que se deben utilizar a
la hora de auditar un gran conglomerado de empresas
internacionales, con los que deben utilizarse a la
hora de realizar la auditoría de una pyme.
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