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Tomás Ramón Fernández lleva
32 años compaginando su actividad de abogado
con la de Catedrático de Derecho Administrativo,
hoy de la Universidad Complutense de Madrid. Con más
de 20 libros y 200 estudios publicados, este profesional
del derecho se ha convertido en un referente del sector.
Mantuvimos una charla con él y nos explicó
su forma de entender el derecho y la filosofía
que le ha llevado a mantenerse en la brecha durante
más de tres décadas.
UN CURRÍCULUM BRILLANTE
Catedrático de Derecho Administrativo de la
Universidad Complutense de Madrid, Tomás Ramón
Fernández Rodríguez se licenció
en Derecho por la Universidad de Valladolid en 1962,
obteniendo el grado de Doctor en la Universidad Complutense
de Madrid en 1966. Ha sido catedrático de Derecho
Administrativo en la Universidad del País Vasco
(1972-1975) y en septiembre de 1975 pasó a
desempeñar la misma Cátedra en la Universidad
Nacional de Educación a Distancia, de cuya
Facultad de Derecho fue Decano desde 1975 a 1977 hasta
que, en Diciembre de ese mismo año, fue elegido
Rector de la UNED cargo que ocupó hasta noviembre
de l982. En 1983 le fue otorgada la Medalla de Oro
de esta Universidad y ese mismo año 1983 pasó
a ocupar la Cátedra de Derecho Administrativo
de la Universidad Complutense de Madrid, que actualmente
desempeña.
Fernández ha sido profesor invitado en diferentes
universidades extranjeras, como la Universidad de
París X (Nanterre), la Universidad Nacional
de Buenos Aires o la Universidad Nacional de La Plata.
Desde el año 2003, este prestigioso abogado
y profesor universitario es Académico de número
de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.
UN AUTOR PROLÍFICO
A lo largo de su amplia trayectoria como profesional
y Catedrático, Tomás Ramón Fernández
ha publicado más de una veintena de libros
y un sinfín de estudios y artículos.
A continuación enumeramos algunos de ellos:
- Manual de derecho urbanístico. Ed. El Consultor
de los Ayuntamientos y Juzgados.
- De la Arbitrariedad del Legislador. Civitas Ediciones.
- Estudios de derecho ambiental y urbanístico.
Editorial Aranzadi.
- Derecho urbanístico de Madrid. Ed. Iustel.
- La Ley Orgánica y el bloque de la constitucionalidad.
Civitas Ediciones.
- Una crónica de la legislación y la
ciencia jurídica en la España contemporánea.
Civitas Ediciones.
- Curso de Derecho Administrativo (I y II). (Coautor
junto a Eduardo García de Enterría).
Civitas Ediciones.
- El derecho y el revés: diálogo epistolar
sobre leyes, abogados y jueces. (Coautor junto a Alejandro
Nieto García). Ed. Ariel.
¿Como entiende Vd. la práctica
de la abogacía?
Tengo una concepción de la práctica
de la abogacía que me gusta definir como ‘artesana’.
Centrarse en una sola rama del derecho me ha permitido
no sólo conocer en profundidad los entresijos
de este mundo, sino también investigar constantemente
y publicar los resultados de esos trabajos tanto en
libros como en revistas científicas.
¿Por qué decidió especializarse
en derecho administrativo?
Porque, al terminar mi Licentiatura (1962) me di cuenta
de que la Administración estaba presente en
todos los sectores de la vida social y que no era
posible en consecuencia, entender esta sin conocer
a fondo el funcionamiento de aquella. Eran, además,
entonces las visperas del espectacular proceso de
modernización de España que nos ha traido
hasta aquí.
Su “Manual del Derecho Urbanístico”
es toda una referencia...
En efecto, va por la 18ª edición y estoy
muy satisfecho de la acogida que ha tenido entre los
profesionales del derecho. Como le decía, ese
manual es fruto de mi experiencia y de las investigaciones
realizadas, lo mismo que ocurre con el resto de la
veintena de libros que he publicado o con el más
de dos centenares de artículos y estudios redactados
para diversas revistas.
¿Cómo compagina la docencia
con el ejercicio de la abogacía?
En mi caso, puedo decirle que bien. Llevo muchos años
practicando ambas actividades y creo que he sabido
interiorizarlas bien y compatibilizarlas sin problemas.
Es más, creo que ambas son complementarias
y me ayudan a enriquecer mi experiencia profesional.
¿Puede hacerse un perfil del cliente para el
que trabaja?
Básicamente son empresas que mantienen relaciones
con las administraciones y, en muchas ocasiones y
dado que el derecho administrativo tiene mucho que
ver con el urbanismo, también compañías
constructoras y relacionadas con las obras públicas.
También, naturalmente, las propias Administraciones
Públicas de todos los niveles que con frecuencia
necesitan asesoramiento externo especializado para
problemas puntuales de especial complejidad.
Se definía Vd. antes como un abogado
artesano, ¿qué ventajas ofrece a sus
clientes esa forma de trabajar?
Mire, creo que la relación entre un abogado
y sus clientes se basa en un concepto básico:
la confianza. Yo siempre he atendido a mis clientes
personalmente y he llevado sus casos de forma directa,
lo que me ha permitido ganarme esa confianza. No digo
que otro tipo de estructuras no sean eficaces, pero
mi forma de entender la abogacía me hace trabajar
de un modo más personal que, al fin y a la
postre, evita la gran estructura que los americanos
llaman firma. Durante más de 30 años
he trabajado así y, además de tener
a mis clientes satisfechos, también he podido
seguir con mi actividad docente e investigadora, lo
que de otro modo no me hubiera sido posible.
¿Cree que se puede hablar de una cultura
del derecho preventivo en España?
Creo que todavía no. En nuestro país,
la gente acude al abogado o al médico cuando
tiene problema y necesita una solución. Es
posible que en el mundo de la empresa sí podamos
hablar de un cierto e incipiente canal de comunicación
con el abogado para asesorar y valorar las consecuencias,
beneficios o inconvenientes de tomar una decisión
concreta. De todos modos, el camino recorrido es aún
muy corto.
Y a partir de ahora...
Pues a partir de ahora seguiré manteniendo
mi forma de trabajar. Me quedan aún siete años
de servicio activo como Catedrático y pienso
continuar escribiendo y compartiendo mis experiencias,
tanto con mis colegas como con los estudiantes de
derecho.
Y así seguiré después, cuando
me falte el contacto diario con los estudiantes, porque
continuar estudiando y escribiendo forma ya parte
inseparable de mi modo de entender el ejercicio de
la abogacía.
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