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¿Por qué esa especialización
tan concreta?

Yo nací en el campo y siempre he estado relacionado,
de un modo u otro, con el mundo de las fincas, la
caza y el medio natural. Cuando decidí estudiar
derecho, tenía muy claro que quería
dedicarme a una especialidad que tuviera vínculos
con el medio en el que siempre he estado más
cómodo.
La suya es una vocación tardía...
Es cierto. Empecé a estudiar derecho más
tarde de lo habitual, pero me volqué tanto
en lograr mi objetivo que cursé los cinco cursos
de la carrera en sólo cuatro años. Desde
entonces, me he dedicado en cuerpo y alma no sólo
a prestar asesoría jurídica a mis clientes,
sino también a publicar diversos libros sobre
el derecho y el entorno natural.
¿Puede hacernos un perfil de sus clientes?
Trabajo, fundamentalmente, para grandes propietarios
de fincas y para cotos de caza, aunque también
cuento entre mis clientes con todo aquél que
esté preocupado por los vertidos o las emisiones
al campo. También estoy especializado en la
asesoría en la compra-venta de fincas rústicas
y en los aspectos legales de la explotación
de los terrenos naturales.
¿Cómo
definiría su filosofía de trabajo?
Yo entiendo la abogacía como un trabajo, si
me permite la expresión, artesanal. Cuento
con un equipo reducido (sólo tengo tres colaboradores)
y me gusta afrontar cada caso desde una perspectiva
personal y directa. Tenga en cuenta que cuando un
cliente tiene un problema, se convierte en el más
importante del mundo, ya que es ‘su’ problema.
En nuestro despacho procuramos atenderle de forma
directa, sin filtros y con la mayor transparencia
y comunicación posible.
¿Qué papel juega el precio en
la relación con sus clientes?
Creo que es un factor secundario. El cliente lo que
busca es la solución a sus problemas y que
se le preste la atención que merece. Además,
somos pocos los abogados especializados en temas cinegéticos
y agroforestales, por lo que el propietario de fincas
o cotos valora nuestros conocimientos y nuestra trayectoria.
En cualquier caso, el mejor ejemplo de la escasa importancia
de los honorarios es el gran nivel de fidelidad que
nos han demostrado nuestros clientes desde hace muchos
años.
¿Cuál es, en su opinión,
la principal problemática que afecta al sector?
Hoy por hoy, veo dos grandes problemas. El primero
es la, a mi entender, exagerada voluntad de los políticos
y las administraciones por crear espacios naturales
protegidos que prohíben multitud de actividades
imprescindibles para la gente del campo, como las
edificaciones o el control del sistema ecológico
necesario que supone la caza. Hay que concienciar
a las autoridades de que la actual visión,
que abusa de la sanción y omite la formación,
no es correcto para el desarrollo y la pervivencia
de las gentes que viven del entorno natural. El segundo
problema es, sin duda, las dificultades para que la
gente del campo se asocie y se una en la defensa de
sus intereses. Sin esa unión, resultará
difícil que el mundo rústico salga adelante
y afronte sus problemas.
¿Cómo deberían afrontarse
esos problemas?
El primero es una mera cuestión de formación
y de divulgación de las peculiaridades del
campo. Hoy existe mucho desconocimiento acerca de
la realidad del entorno rústico y de sus necesidades.
En cuanto a la formación, es un trabajo de
concienciación entre los propietarios para
que hagan bueno aquel dicho que reza que ‘la
unión hace la fuerza’.
¿Qué objetivos de futuro se
plantea su despacho?
Queremos ampliar poco a poco tanto nuestra cartera
de clientes como, sobre todo, los servicios que ofrecemos.
Hasta ahora, el boca a boca entre nuestros clientes
ha sido nuestra mejor publicidad, una forma de crecer
que nos satisface muchísimo porque significa
que nuestra clientela está contenta. A partir
de ahí, la intención es mantener nuestro
prestigio y el grado de dedicación que nos
ha caracterizado desde que empezamos a trabajar en
el mundo del derecho del campo. |