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Crece la demanda de apartamentos
para las personas mayores
Apartamentos Ballesol: confort, seguridad, atención
e independencia para los mayores
En 2050, el colectivo mayor de 65 años será
del 30,8% de una población estimada de más
de 53 millones de personas, cifras que ponen de manifiesto
la importancia de los cambios que se tendrán
que producir en la sociedad para dar respuesta a las
necesidades de este segmento de población.
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La demanda de apartamentos para las personas
mayores ha crecido exponencialmente en los últimos
cinco años. Cada día son más las
personas mayores que deciden dejar su casa y vivir en
apartamentos que ofrecen servicios de restauración,
lavandería y limpieza, zonas comunes de ocio
y ejercicio y atención médico-sanitaria
permanente. Los usuarios de este tipo de apartamentos
son personas que pueden desenvolverse por sí
mismas, pero que quieren que les den “todo hecho”,
con la garantía y seguridad de una atención
médica. Cuatro palabras definen esta nueva forma
de vida: confort, seguridad, atención e independencia.
El aumento de la esperanza de vida en España
genera un país donde la edad media se incrementa.
A ello se suman factores como los avances sanitarios
y asistenciales, y la baja tasa de natalidad.
Esta situación configura cambios en la sociedad
a los que hay que dar respuesta. En este sentido, la
Administración tiene previsto poner en vigor
la Nueva Ley de Dependencia en 2007; y los centros para
las personas mayores, en sus diversas tipologías,
se multiplican, como consecuencia de ello.
La proliferación de los servicios asistenciales
y residenciales para las personas mayores se potencia
también por la modificación de los estilos
de vida. Los ritmos impuestos por la sociedad, la reducción
de superficie de la vivienda motivada por su coste,
y el empleo de los cónyuges de las unidades familiares
están rompiendo con el tradicional cuidado de
los mayores por parte de los hijos. España se
pone así al nivel europeo en cuanto a la demanda
de centros y servicios asistenciales y residenciales
para mayores; como consecuencia de ello Ballesol basándose
en su experiencia tiene prevista la apertura de 17 nuevos
centros para el 2007 y 2008.
UNA EXPERIENCIA BALLESOL
Don Manuel tiene 83 años. Vive en Ballesol Parque
Almansa (Madrid) desde hace 12 años junto a su
mujer. Resume su experiencia en Ballesol como “bienestar”,
por la independencia con la que cuentan él y
su esposa, los cuidados que reciben “sin tener
que preocuparnos de nada”, y el trato de afecto
y espíritu de comunidad que se genera.

Doña Ángeles, 87 años, de Sevilla,
reside en Ballesol Parque Almansa (Madrid), apartamentos
para mayores, desde hace 2 años. Hace hincapié
en la tranquilidad que experimenta en el centro: “Aquí
me encuentro muy a gusto, perfectamente protegida, porque
tengo amigos, estoy motivada y me arreglo para que me
vean guapa”.
De igual modo se expresa Doña Pepita, de 83 años,
de Valencia, que lleva 6 años. “El personal
es extraordinario: la directora, el médico…
son amables, cariñosos, y me encuentro como en
mi casa y con mi familia, porque ésta es ahora
mi familia también”.
Doña Alicia es una residente veterana de los
Apartamentos B60 situados en Pozuelo de Alarcón
(Madrid). Con sus 92 años, mantiene un estado
de salud envidiable, y conserva toda la elegancia y
coquetería de la que todavía puede presumir.
Su gran afición es el dominó, y se alegra
cuando le decimos que ese juego retrasa la aparición
de enfermedades como el Alzheimer. Una vez viuda, “como
no quería molestar a mis hijos, les pedí
que me buscaran algún sitio aquí en Madrid.
Y esto fue lo que más les gustó”.
Asegura estar muy contenta porque se siente como en
casa, pero que tiene, además, las necesidades
de limpieza y comida totalmente cubiertas, aunque eso
no le impide quejarse: “Me gustaría que
la alimentación fuera a mi gusto, pero reconozco
que es muy equilibrada”. En general está
encantada y disfruta de la total libertad de entradas
y salidas que da el centro. Pero todo ello con cierta
ayuda y supervisión: “Siempre nos liamos
a la hora de tomar los medicamentos que necesito. Nunca
sé cuáles me toca. En el centro nos compran
a cada uno las medicinas que necesitamos, y las enfermeras
se ocupan de las que tenemos que tomar. Nosotros nos
desentendemos completamente”.
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