La organización de esta empresa familiar que
cuenta con trescientos cincuenta trabajadores y tres
socios -la esposa y los dos hijos de su fundador, Màxim
Foncillas- prima por encima de todo el producto y el
sistema de fabricación. Según explica
su Gerente, Jordi Foncillas, "todos los empleados
de la empresa, sea cual sea su función, son conscientes
de que su trabajo está orientado a la producción,
ya que un buen producto final, de calidad, es lo único
que genera riqueza".
Con este sistema de trabajo, Max-Plàstic ha conseguido
en 14 años pasar de una facturación de
160 millones a 7.700 millones de pesetas, mientras que
la previsión para 1998 es alcanzar los 8.000
millones. Además, su trabajo ha sido certificado
ISO 9001 (por TÜV Rheinland).
Actualmente, el Grupo Max está formado por cuatro
compañías que diversifican su actividad:
Max-Plàstic y Max-Service, ambas con sede en
Ribes de Freser, se dedican a la inyección de
plásticos y montajes electrónicos y mecánicos
y a suministrar los servicios del grupo respectivamente;
Famax, en Manlleu, centra su trabajo en el diseño
y construcción de moldes matrices, y Max-Disseny,
en Mollet, asume las tareas de electrónica, diseño
y montaje.
Los clientes del Grupo Max son en su mayoría
compañías multinacionales. En este sentido,
su Gerente afirma que “aunque empresa está
situada en una zona muy peculiar sigue una política
comercial muy globalizada que lleva a Max-Plàstic
a Asia o a Estados Unidos, pasando por diversos países
del continente europeo”.
Las prioridades de este tipo de cliente requieren y,
en algunos casos imponen a Max-Plàstic la necesidad
de trabajar con materias primas y componentes de última
generación, lo que convierte en fundamental para
la empresa el papel de las importaciones, sobre todo
de las procedentes de Estados Unidos y Asia.
Sin embargo, el grupo es consciente de la dificultad
de mantener la fidelidad entre las multinacionales.
Por este motivo, una de las principales características
de Max-Plàstic es la acentuada segmentación
de su mercado En este sentido, su director general reconoce
que su eterna lucha es hacer comprender a los clientes
que si la empresa no se especializa es porque su tecnología
le permite estar presente en varios mercados diferentes.
En concreto, el Grupo Max trabaja sobre todo en los
sectores de la automoción y de la informática,
aunque también en el de la imagen y sonido.
La presencia de Max-Plàstic en mercados tan
diferentes obliga a trabajar simultáneamente
en proyectos de investigación muy diferentes
entre sí. Esta es la razón por la que
la empresa ha decidido no contar con un departamento
exclusivo de investigación y desarrollo, sino
con equipos creados ad hoc para cada futuro proyecto.
Así, el Grupo Max no pierde de vista sus posibilidades
de expansión. A corto plazo, su equipo de investigación
está desarrollando un mando a distancia para
televisores universal que, además de producirse
para multinacionales, se vendería directamente
en las tiendas. No obstante, la verdadera apuesta de
futuro de la compañía, prevista para un
plazo de cinco años, es internacionalizarse.
En primer lugar sus miradas se dirigían hacia
Europa, concretamente hacia la Europa del Este.
En una segunda etapa, Max-Plàstic baraja la posibilidad
de establecer una Joint-Venture con Estados Unidos.
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