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Qué es exactamente la lateralidad?

La patología de lateralidad no tiene nada que
ver con un trastorno psicológico, de personalidad
o psiquiátrico, sino que se trata de un trastorno
neurofisiológico y hereditario cuyas repercusiones
abarcan el campo psicomotor del individuo. Es una
carrera joven, descubierta hace unos cuarenta años
y, por ello, tan desconocida.
Un claro ejemplo, fácilmente detectable, es
el de aquella persona que es zurda de brazo y mano
pero diestra de ojo, pierna u otros campos neuromusculares.
Para obtener un buen rendimiento emocional y mental
es necesario que no tengamos una lateralidad cruzada.
Una lateralización homolateral, homogénea,
diestra o zurda, equivale a que el paciente (niño,
adolescente, adulto o de la tercera edad) tenga un
rendimiento neurofisiológico, mental y emocional
correspondiente al 100% de su real coeficiente intelectual.
Una lateralización cruzada o heterogénea
frena y bloquea al 20 o 30% los influjos nerviosos
en ciertas áreas cerebrales. Por ejemplo, si
es la zona del lenguaje la que se ve afectada, habrá
una ralentización que dejará su rendimiento
aproximadamente en un 70 u 80%.
¿Qué es lo primero que observa
cuando una familia acude a su consulta?
En la mayoría de los casos, observo que la
familia ha realizado todo un recorrido anterior (psicoterapia,
logopeda, dislexia, consultas psiquiátricas
y sobredosis de clases de refuerzo) que resulta muy
alarmante por el tiempo utilizado, el sufrimiento
acusado y los pocos resultados obtenidos. En resumen,
la familia se siente quemada.
¿Qué se puede hacer en esos
casos?
La familia viene desorientada por la falta de conocimiento
o por un mal conocimiento de la terapia de la lateralidad.
Los hijos que vienen con anteriores terapias fracasadas
cambian de colegio por no poder seguir el nivel, para
irse a colegios con un nivel pedagógico inferior.
Son los “holgazanes”, los “tontos”
de la clase. En el caso de los adultos, éstos
presentan una depresión debida a un problema
de lateralidad que les hacen decir frases como “me
falta un tornillo” o “pensaba que estaba
loco”, según me comentan. La terapia
permite aliviar el sufrimiento de estos niños,
universitarios y adultos tanto a nivel emocional como
familiar.
¿Es importante hacer un test completo de lateralidad?
Sí. Desde mi experiencia, nunca he visto que
se empleen en España test de lateralidad completos:
mano, ojo, pierna, oído... Realizar un test
completo y hacer un diagnóstico completo equivale
“a media terapia”.
¿En qué consiste la terapia
de la lateralidad?
Se trata de una estimulación sináptica
de influjos nerviosos en unas determinadas áreas
cerebrales. Por ejemplo, después de la primera
sesión, Pedro sale de la sala y dice a su mamá
que ha jugado a la pelota. La madre, sorprendida,
piensa que yo no he entendido el motivo de la consulta,
a pesar de que el niño diga la verdad. Si lo
quiero lateralizar diestro, la posición de
los brazos está en una orientación específica
y no casual: el brazo derecho está separado
del omoplato derecho en un cierto porcentaje, el paciente
está situado respecto al terapeuta y a los
demás pacientes en una posición determinada
y lanza la pelota sólo con la mano derecha.
En este ejercicio de estimulación nerviosa,
se trata el área que corresponde a la concentración.
Y la siguiente vez, el mismo Pedro vuelve a decir
que jugó a la pelota, pero esta vez los dos
omoplatos están en plena simetría respecto
a la columna vertebral y lanza la pelota con las dos
manos. En este caso, se está estimulando la
ansiedad y el nerviosismo.
En la terapia de lateralidad es muy importante el
tiempo que se utiliza a nivel teórico. Si no
se estimula de una forma exacta y precisa lo que el
paciente necesite, se pueden producir dificultades
como la tartamudez. Por eso es muy importante hacer
un buen estudio y, posteriormente, una buena terapia.
¿Qué opina sobre aquellos terapeutas
que hacen terapia de lateralidad sin haber estudiado
psicomotricidad-lateralidad en las facultades de Francia
o Alemania? ¿Es eso correcto?
No. Hay una falta de ética, una falta de deontología
de cara a los padres. Los padres sufren porque su
hijo tiene esta enfermedad, no saben qué hacer
para curarlo y ven que han realizado una terapia errónea,
y eso es injusto. Cada especialista tiene que ejercer
de lo que sabe y no todos lo saben todo. Yo, cuantos
más pacientes trato más tengo que aprender.
Como explico en el libro que estoy escribiendo y que
dedico a mis hijos (Alexander y Ganaëlle), el
maestro debe dar clases de repaso, el logopeda debe
dedicarse a la reeducación del habla y no a
dar clases de lectura y escritura, el psicólogo
debe hacer psicología y el neurólogo,
neurología. Cada uno de estos profesionales
debe ceñirse exclusivamente a su especialidad.
Aunque por desgracia hay algunos centros que se dedican
a terapia de lateralidad sin titulación oficial.
La titulación que tienen es psicólogía,
pedagogía, logopedia, etc., pero no la especialidad
de lateralidad.
¿Qué tipo de pacientes admite
usted en su centro?
Déjeme decir que yo empiezo una terapia cuando
estoy segura de que habrá resultados favorables,
aceptando solamente a pacientes con un coeficiente
intelectual normal o superdotado. En el centro se
tratan problemas escolares, laborales y emocionales
que se pueden presentar en forma de distintos síntomas
de lateralidad. Algunos de ellos son relativos a la
concentración y comprensión, ansiedad
y angustia, inestabilidad, agresividad, lenguaje escrito
(disgrafía, disortografía, sintaxis),
lenguaje oral (fluidez, mecánica lectora, retención
y comprensión lectora), hipotonía, apatía,
lentitud, hipertonía, hipercinesia, matemáticas
(aprendizaje mecánico y razonamiento), inseguridad,
problemas de comunicación y relación,
desmotivación, pre-depresión y depresión
o problemas motores y funcionales.
En el caso de los adultos, adquieren singular relevancia
los tratamientos por ansiedad, inseguridad, concentración,
depresión, estrés, agotamiento físico
y psíquico, orientación tempo-especial,
bloqueo mental y emocional. En la tercera edad, la
terapia consiste en curar los problemas de memoria,
orientación espacial, nociones de temporalidad,
equilibrio estático, equilibrio dinámico,
precisión digital y depresión.
¿El tratamiento puede curar estos
problemas?
Sí. Se puede curar entre el 80y el 100% y nunca
hay recaídas al terminar la terapia, ya que
se trata de un tratamiento neurofisiológico.
Además, si el paciente tiene un hijo el día
de mañana, no podrá transmitirle su
problema de lateralidad. En este sentido, cuántos
padres me comunican al finalizar la terapia, el sentimiento
de haber podido ofrecer a su hijo/a, el mejor regalo
para su futuro:”ha sido la mejor inversión”,
“ahora es autónomo”, “es
feliz”, “tengo la sensación de
haber renacido, ahora se que no soy tonto”.
¿Estamos, según su opinión,
ante una patología desconocida por el gran
público?
Sí, así es. Es fundamental realizar
un proceso de divulgación para que la gente
sea consciente del problema y no achaque sus síntomas
a otras enfermedades, ya que podría causar
fuertes trastornos para paliarla. Se estima que alrededor
del 25% de la población tiene problemas de
lateralidad y la mayor parte de esa gente lo desconoce.
¿Cuál es la solución
para que la lateralidad se conozca?
Es básico divulgar cuáles son sus causas,
sus consecuencias y sus soluciones. Pero, más
allá de eso, es preciso que se instauren en
España los estudios de psicomotricidad y lateralidad
en las facultades de medicina, ya que es el único
país de nuestro entorno en el que no existe
esa carrera, lo que obliga a los profesionales a formarse
en universidades de Francia, Alemania, Italia u otros
países. Conseguir que se imparta esa titulación
sería fundamental para que se sienten las bases
para solventar los problemas de una gran parte de
la población española.
¿Qué planes de futuro se ha
marcado el Centro de Terapia Psicomotriz y Lateralidad
que usted dirige?
Somos un centro pionero en España y la idea
no es otra que seguir realizando nuestra labor con
profesionalidad, seriedad y rigor. En este sentido,
mis dos hijos están siguiendo el camino iniciado
por mí para continuar mi labor con el objetivo
de mejorar la calidad de vida de niños, adolescentes,
adultos y ancianos.
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