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Asociación para
el Autocuidado de
la Salud (anefp)

 

Asociación para el Autocuidado de la Salud (anefp)
http://www.anefp.org

 

Hablamos con Rafael García Gutiérrez director general de la Asociación para el Autocuidado de la Salud (anefp)

“Los medicamentos sin receta son seguros y eficaces para la prevención y tratamiento de nuestras dolencias leves”

En las últimas décadas, los ciudadanos están reclamando un papel más activo en relación con el cuidado de su salud para poder disfrutar de una buena calidad de vida. Esto se consigue a través de unos hábitos saludables de alimentación y de higiene, pero también pasa por la ausencia de esas pequeñas dolencias que todos padecemos en algún momento como dolores leves de cabeza, dentales, catarros, etc. Podemos autocuidarnos responsablemente, pero ¿sabemos cómo?

¿Los ciudadanos diferencian entre automedicación peligrosa y autocuidado responsable de la salud?

Los ciudadanos cada vez entienden mejor la diferencia entre estos dos conceptos, aunque todavía queda un largo camino para erradicar totalmente la automedicación irresponsable que, no lo olvidemos, siempre tiene consecuencias negativas y, en algunos casos, peligrosas para nuestra salud. Hay que recordar que sólo debemos utilizar fármacos que requieren de una receta para su dispensación cuando así lo haya prescrito un médico y nunca debemos pedir al farmacéutico medicamentos de prescripción sin presentar la obligatoria receta.

¿Y cómo definimos el autocuidado responsable?

El autocuidado responsable de la salud permite a los ciudadanos la prevención y el tratamiento de dolencias leves o moderadas, que no precisan de un control por parte del médico y que pueden ser tratadas con medicamentos que no requieren de receta para su dispensación en la farmacia, pero siempre bajo el consejo del farmacéutico. Los consumidores pueden distinguir claramente estos fármacos, porque en su cartonaje aparecen las siglas EFP y por la Pantalla Azul (Lea las instrucciones de este medicamento y consulte al farmacéutico) que se emite al final de la publicidad de los mismos.

Por tanto, existen en el mercado dos tipos de medicamentos, con y sin receta médica.

Efectivamente, y es imprescindible que los ciudadanos sepan diferenciarlos para evitar consecuencias negativas para la salud. Los fármacos de receta, en cuyo cartonaje aparece el símbolo , sólo son seguros y eficaces cuando los prescribe un médico y, por tanto, sólo deberemos obtenerlos en la farmacia tras la presentación de la imprescindible receta. Por otra parte, están los medicamentos que no requieren receta para su adquisición, es decir, no es necesaria la intervención del médico y pueden ser utilizados con todas las garantías de seguridad y eficacia con los conocimientos que los usuarios tienen en base a su propia experiencia para prevenir y tratar dolencias leves. Los medicamentos que no necesitan receta médica son los únicos con los que podemos cuidar las dolencias leves de forma responsable y siempre con el consejo del farmacéutico.

¿Qué dolencias podemos autotratarnos con los medicamentos que no necesitan receta?

Esas pequeñas dolencias que todos padecemos en alguna ocasión y que sabemos reconocer como dolores leves de cabeza, dentales, musculares, menstruales, molestias de estómago, acidez, gases, estreñimiento, diarrea, catarros, resfriados, picores, erupciones, picaduras de insectos, etc.

Si los medicamentos de prescripción los receta un médico, ¿qué profesional sanitario nos aconseja e informa en los fármacos sin receta?

El farmacéutico es imprescindible en el autocuidado de la salud. Aconseja y recomienda cuál es el producto más adecuado a cada dolencia menor; nos informa sobre cómo y cuándo hay que tomarlo, cómo conservarlos, los posibles efectos secundarios si los hubiera, así como cuando debemos acudir al médico si los síntomas persisten.

¿Los españoles cuidan responsablemente de su salud?

Lamentablemente no, ya que en España todavía seguimos manteniendo, aunque cada vez en menor medida, el hábito de utilizar para el tratamiento de los síntomas menores medicamentos que necesitan de una prescripción, lo que ha derivado en muchos casos en una automedicación irresponsable y peligrosa para la salud. Este hábito también ha causado que de todos los medicamentos que se consumen en España sólo siete de cada cien sean sin receta, mientras que en los países europeos de nuestro entorno la cifra asciende a 20 de cada cien, ya que los ciudadanos europeos siempre han utilizado para sus afecciones leves los fármacos autorizados para cuidar responsablemente de su salud, evitando automedicarse de forma peligrosa.

¿Cuáles son las razones de este comportamiento tan dispar entre los ciudadanos españoles y los europeos?

En primer lugar, el hecho de que la administración sanitaria española siempre se ha movido con una legislación más restrictiva que en Europa, por ejemplo, a la hora de calificar un medicamento en el estatus de sin receta se le exigen más condicionantes que en el resto de Europa. También es restrictiva en el establecimiento de las indicaciones susceptibles de ser tratadas con estos medicamentos, por ejemplo, el tratamiento del dolor de cabeza consecuencia de migraña. Asimismo, en relación con la publicidad de estos fármacos, España es uno de los pocos países del mundo que todavía mantiene la censura previa por parte del Ministerio de Sanidad. Otra razón es que hasta ahora tampoco era posible que un medicamento sin receta tuviera la misma marca que un fármaco de receta. Otra razón, consecuencia de la anterior es que, dado que “no se le pueden poner puertas al campo” y la legislación y su interpretación van en contra del sentido común, en la farmacia se han podido adquirir medicamentos que, aún siendo con receta, deberían tener presentaciones que no necesitasen esa receta.

No digamos ya en cuanto a indicaciones, hay muchas que legalmente sólo se pueden tratar con medicamentos con receta, lo cual es absurdo, ya que nadie va al médico a por una receta para un dolor de cabeza consecuencia de la migraña que ya conoce. Y como esto es ilógico, nunca se ha cumplido, creándose el hábito en los ciudadanos de querer adquirir sin receta medicamentos para estas indicaciones que en España requieren prescripción médica, algo que no ocurre en los países europeos de nuestro entorno.

¿Qué beneficios tiene para la sociedad el autocuidado de la salud?

El autocuidado de la salud reporta a la sociedad beneficios no sólo sanitarios, sino también económicos y sociales, aunque actualmente no están siendo plenamente aprovechados, al igual que su contribución a la sostenibilidad y calidad del sistema nacional de salud. La idea del todo para todos y gratis es una utopía demostrada, porque todos somos conscientes de que los recursos sanitarios son limitados. Tampoco deberíamos olvidar que si las dolencias leves fueran tratadas con fármacos para el autocuidado, el eterno problema de las listas de espera se aminoraría de forma muy significativa y se ahorraría tiempo, ya que evitan en gran medida el absentismo laboral.

Está demostrado que una mayor utilización de los medicamentos sin receta cuando se presenta una dolencia menor permitiría reducir hasta en doce puntos el gasto de la Seguridad Social, obteniendo como resultado una liberación de recursos sanitarios que podrían destinarse al tratamiento de verdaderas enfermedades y a la ampliación de nuevas coberturas por parte del Sistema Nacional de Salud como, por ejemplo, la odontología. Así lo han entendido y reconocido instituciones como la Organización Mundial de la Salud, el Parlamento Europeo y la Comisión Europea, entre otros.

Según un estudio realizado por la Asociación Europea de la Industria de Autocuidado, en España se podrían ahorrar 1.200 millones de euros al año sólo con que el 5% de las dolencias leves que actualmente se tratan con medicamentos de prescripción pagados por la seguridad social se trataran con fármacos sin receta. También se liberarían un total de 22 horas por médico, que podrían dedicarse a prestar una atención de mayor calidad a los enfermos. Es imprescindible desarrollar campañas de educación sanitaria, que conciencien a los ciudadanos de que los servicios sanitarios financiados por la Administración deben ir más encaminados hacia el tratamiento de patologías mayores, operaciones quirúrgicas, etc. que a la financiación del alivio de dolencias leves susceptibles, con toda garantía, de autocuidado.

 
 
   
 
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